Articulo
La 'biomierda', una alternativa energética a la central de Garoña
El liderazgo español en energías limpias y renovables del que el presidente del Gobierno presume allá donde va, está a punto de dar un paso de gigante que admirará a propios y extraños.
Se trata del resultado de una línea de investigación sobre la biomasa como fuente de energía alternativa a la nuclear, impulsada por la Fundación Ideas que preside Jesús Caldera bajo el nombre en clave El cerdo no contamina, calienta.
En síntesis, se trata de aprovechar a tope las posibilidades de la biomasa de origen animal. Es decir, los detritus, deyecciones y excrementos de toda clase de animales, también los racionales, que, mezclados con agua y arena, dan lugar a una sustancia orgánica cuya combustión genera electricidad.
La investigación está avanzadísima a la vista del agrio debate energético abierto. Un equipo del CSIC ha trabajado en secreto y a destajo desde que trascendiera un comentario que Rodríguez Zapatero hizo a Sonsoles y las niñas: “Como hay Dios que cierro Garoña".
Ante la fecha tope del 5 de julio para decidir sobre esa central nuclear, el experimento de la biomierda, como es conocido en el Ministerio de Industria y Energía, era una esperanza. Pero un imprevisto de última hora retrasará el anuncio oficial de esta conquista energética.
Los investigadores partieron de la experiencia de una planta eléctrica de Holanda que se alimenta con el guano de las aves, también llamado cagadas de pájaros.
La fórmula físico/química por la que Zapatero puede despreciar la energía nuclear y presumir de caca energética es tan simple como la ya conocida de transformación de la luz solar en calor. Sólo que en este caso se sustituyen los rayos del Sol por la porquería animal, consiguiendo una especie de fotosíntesis pero al revés.
La aportación de la Fundación Ideas ha sido diseñar una central eléctrica que se nutra del estiércol de los establos, las cochiqueras y los gallineros, gracias a una flotilla de camiones como de los de la basura adaptados a la recogida y transporte seguro de moñigas, cagarrutas y demás residuos de explotaciones ganaderas, ya sean intensivas o extensivas.
En paralelo, otros vehículos especiales habrán de recoger las defecaciones de seres humanos, de no menos poder calórico y que además son complemento ideal para la combustión. Y ahí ha surgido el problema.
Lo previsto era que la recogida tuviera lugar en los vaciados a cielo abierto de las alcantarillas, evitando así que la ciudadanía tuviera que depositar sus propias heces en un tercer o cuarto cubo de basura.
Pero los investigadores se han dado de bruces con un inconveniente: no existen tales salidas de las alcantarillas en pleno campo, sino que hay colectores que conducen las llamadas aguas fecales hasta estaciones depuradoras. Y, claro, la biomasa que pretende el presidente del Gobierno de España se forma con excrementos sólidos, como su propio nombre indica.
La 'biomierda', una alternativa energética a la central de Garoña
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