Articulo
El ocio ha muerto, ¡viva el aburrimiento!
Hay algo que siempre me ha intrigado en El Quijote. Se trata, en concreto, de dos palabras de la frase de arranque o start point: “NO QUIERO”. “En un lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme…”.
Porque no dice “no puedo”, “no consigo”, no, pronuncia un misterioso e inexplicado “no quiero”, con claros dejes atentatorios contra la sagrada institución matrimonial.
No sé si algún estudioso del libro entre los libros se ha dedicado a analizar los meandros de tan enigmática y libremente elegida renuncia a recordar. En todo caso, nosotros, el vulgo recitativo, que conocemos de memoria la tal frase, la declamamos como si tal cosa, sin percatarnos del misterio que contiene ese NO QUIERO. Que venga Marlowe a resolver el enigma.
……
A una tercera y cuarta parte darían lugar las tales palabritas: No quiere porque algo le ha ocurrido al Autor (llamémosle Cervantes) en ese lugar de la Mancha concreto y no en otro; quizás algún desamor con la mismísima Aldonza Lorenzo. No quiere simplemente porque no quiere, igual que la rosa florece porque florece, y se trata de un mero acto caprichoso de enunciación volitiva con fines retóricos; no quiere porque no le da la gana y al que no le guste que proteste, etc. etc.
Aunque sé bien que en España, el top poéticolírico actual va por otros derroteros, en concreto el de las correspondencias baudelairianas: anchoas son trajes, trajes son anchoas… sugiero que alguna institución de promociones culturales haga un concurso de esos de ensayos y acuarelas, alentando a creadores creativos a proponer respuestas por escrito o en colorines.
El premio podría ser un rocinante interactivo, es decir, hecho un puzle y un escritorio deconstruído de e-Kea, para que el ganador le ponga el feedback y co-cree.
En fin, volviendo a la cultura de masas, esta mañana leía en un artículo de inactualidad y publicity psico-académica, que un estudio ha “descubierto” que el aburrimiento (otra vez Baudelaire, parece que ahora les ha dado a todos por poner geranios del mal en el balcón) no es cosa mala y debería ser fomentado y que la industria del ocio, antídoto contra los tiempos muertos, es, en el fondo, un negocio alienante, un killer de la creatividad…
Cincuenta o sesenta años antes la aportación de tan sesuda información habría sido digna de considerar, pero resulta que aquel alemán triste y triste, que tenía apellido de ornamento, junto con otro compinche, se dedicaban a despotricar allá por los años cuarenta contra la “industria cultural”.
Al margen de lo delicado del asunto y de esa apología velada del abúrrete y sufre e introspéctate, porque sufrir(se) es bueno y el dolor nos hace fuertes y demás recomendaciones −con base “científica”, faltaría más−, para el recio guerrero de mañana, lo que no entiendo muy bien es cómo la más respetable institución de relleno de los tiempos muertos, esto es, el periódico, se dedica a promocionar en celulosa y en bit la moral del desocio.
¿Será que con la crisis han largado al gatekeeper?
El ocio ha muerto, ¡viva el aburrimiento!
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