Articulo
De crêpes, marujas y críticos gastronómicos
El otro día me estaba enfrentando a una cama con cajones de Ikea y pensando en el imperio del Do Yourself que ha sustituido al del Gran Hermano (“la cama se la doy yo hecha de serie y no se hable más. Si no está conforme, la customiza”).
Pero es que el tema trasciende al mundo de los tableros agujereados al milímetro; es una especie de ola que todo lo mece: “haga usted la declaración de la renta desde su casa”, “envíenos las fotos del incendio de su pueblo, que se las sacamos en el telediario”,
…..
“díganos cuales son sus restaurantes preferidos en la Ciudad del Amor, que se los publicamos porque somos los más demócratas y creemos que usted ya ha superado el estado masivo para convertirse en sujeto emisor y montador de camas de pleno derecho”…
Y entonces me paro y digo: bueno, una cosa es que yo decida montar camas para ahorrarme unos cuartos y otra cosa es que me dedique a hacer de gatekeeper gratis.
Los mejores restaurantes díme tú cuáles son, que para eso te pagan. ¡Dónde se ha visto semejante descaro!
Porque, aunque esto suene un tanto rancio, a mí no me interesa tener quinientas mil recomendaciones de creperías accidentales, quiero cinco, las cinco mejores, para que no se me colapse el disco duro de tanto “crear” potenciales itinerarios culinarios.
O bien −estimado crítico gastronómico de un reputado periódico al que han mandado a casita a degustar lentejas porque sale más barato−, que Maruja nos haga llegar sus recomendaciones for free (cuando digo Maruja hablo tanto de la Maruja mítica de la España nuestra como de la Maruja sofisticada con estudios superiores, no nos llevemos a engaño); que te saquen de nuevo de tu guarida y te envíen a contrastar todas las magníficas sugerencias que las Marujas del mundo han hecho llegar al medio interactivo, para que decidas, sobre una muestra mundial, cuáles son las cinco mejores.
Y después vas y me lo cuentas, y yo, como buen corderito, como mujer gregaria, acudiré religiosamente a los cinco lugares de referencia. Y si son una pifia porque están detrás espurios intereses publicitarios que han amordazado la objetiva objetividad periodística que corre por tus venas, pues no pasa ná, así puedo despotricar contra la venalidad del periodismo igual que el pueblo abuchea a los políticos (pero no a la realeza, porque dónde no hay acción no hay errar posible).
En resumidas cuentas, que lo que quiero es que me des, querido periodista e informador de bien, la cama montada y la mesa puesta, que esto no es la república independiente de mi casa.
P. D. Mis más sentidas disculpas por el excesivo protagonismo dado al Gran Hermano en esta su sección; prometo sustituirlo en breve por el Hada Retroalimentada, cuando acabe la serie de homenajes nostálgicos al siglo XX y a sus animales mitológicos. Salud y disfruten de la mar salada.
De crêpes, marujas y críticos gastronómicos
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