Articulo
Un emoticono vale más que mil palabras
Creo que ha llegado el momento de tratar con pausa analítica y vocación de servicio público un tema trascendental: los emoticonos. (De acuerdo con la Royal: “Símbolo gráfico que se utiliza en las comunicaciones a través del correo electrónico y sirve para expresar el estado de ánimo del remitente”).
Vayamos por pasos y analicemos estos signos que, a día de hoy, constituyen la reserva emocional sígnica de las nuevas generaciones. Que un mero iconito consiga ablandar el corazón de la media naranja más agraviada; (+)
consiga disolver, cual aspirina efervescente, enfados y entuertos; que, en fin, contribuya a la paz en el mundo y a la lucha contra el cambio climático, da cuenta del papel esencial que juegan los emoticonos en la preservación de la estabilidad social.
De hecho, esta capacidad para adormecer iras y enternecer corazoncitos ha sido criticada por numerosos teóricos de la conflagración, que consideran estos, en apariencia, inocentes símbolos, como el brazo armado del Imperio; la última y más sofisticada de las argucias para contribuir al conformismo y erradicar el espíritu de lucha y el caudal de acción que genera el descontento.
Otros ven detrás al Cetro, argumentando que detrás del esquematismo naif de los emoticonos y de su potencial reconciliatorio, se está librando una batalla a muerte en defensa del matrimonio y contra el chaquetismo sentimental.
Otra propuesta interpretativa, que está alcanzando cierto predicamento en el campo en cuestión: la sociológicopsicotrans.
Haciendo uso de los más refinados y científicos métodos de análisis, estudiosos del campo han concluido que el uso de los caretos en cuestión, da buena muestra de la progresiva infantilización y el primitivismo de las nuevas generaciones, sin valores ni principios (a diferencia de las antiguas generaciones −a las que, por supuesto, pertenecen todos estos sabios−, de firme moral, férreos valores y altas cimas), egotistas, banales y una larga cola de piropos inversos.
Tanto es así que amenazan, dichos estudiosos, con dejar de lacerar a la sociedad con estudios sobre la bestia televisiva y sus nefastos efectos sobre las conciencias, para pasar a la fase de concienciación emótica.
Si desean saber más sobre tan apasionante cuestión, estar mejor informados y alcanzar mayores cotas de libertad: The New York Times, El País, The Guardian.
Un emoticono vale más que mil palabras
Regístrate ahora (te llevará un minuto). Si ya eres usuario debes iniciar sesión







