Articulo
Sinceritos y sinceretes
Con el pedrisco del muro de Berlín sobre nuestras cabezas y el tango anejo de Libertad y Monstruo entonado en streaming por los medios informativos rendidos ante la cerveza prohibida de Angela y las pintaditas ácronas del Petit Nicolas, se me ocurre que el momento es propicio para tratar de un tipo humano apasionante: el Sincero Sumo.
Por sus hechos lo reconocerán: él es el que, pongamos por caso, va a la Universidad invitado a dar una charla y suelta, en la primera curva, que la Universidad no sirve para nada, en un cólico de asílodigoasílosiento alumnos queridos, queridos alumnos. (+)
Los hay que dicen que el humano en cuestión es la antítesis del cínico, el antihipócrita, un alma pura. Los clásicos de la moral y el morderse la lengua dirán que simplemente se trata de una clamorosa falta de modales y un estado carencial de “saber estar” (valga la estancia) disfrazado de “espera que te epato con una boutade hipervitaminada”.
Si mi perra supiese hablar, como la bienaventurada sólo piensa con el estómago, compararía al bocazas en cuestión con la leche hirviendo en solitario o con un pan ebrio de levadura, y llegaría al mismo diagnóstico que nosotros: “este homínido desborda, sin remisión”.
Otro nombre que recibe el mentado en el diccionario Panza del saber ancestral es: “el que muerde la mano que le da de comer”…. pero no por ello deja de llevarse la vianda a la boca.
Una manera épica de verlo, más recurrida que la aspirina, es through la parábola del escorpión y la rana: “está en mi naturaleza”, así que no puedo evitarlo (hincarle el diente a la mano nutricia); está la versión metafísica: lo esencial es que la Verdad salga a la luz (mientras la sombra me siga acompañando a mí, bronceado el justo, gracias); o está la versión bíblica, donde al Sincero Sumo se le conoce como Judas.
Madames et messieurs, mientras partido a partido el suelo en Alcorcón se revaloriza, nosotros seguimos investigando para ustedes la naturaleza humana en sus más excelsas manifestaciones, 24 horas al día, como la CNN. Se la servimos con vinagreta, faltaría más.
Sinceritos y sinceretes
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