Articulo
Noël y sus drives (relato de una putada)
La vocecilla de la rana ochentera de Cortylandia me dice que lo que toca es felicitar las Navidades. Felicitados seamos todos. No tenemos los pinos que nos merecemos, pero esa es otra historia.
Sin embargo me gustaría hablarles de la memoria y de los dispositivos de almacenamiento (también conocidos como hard drives), ya que la Navidad es la época en la que se agolpan los recuerdos hasta provocar embotellamientos emocionales de penosas consecuencias, como todas las familias saben (me dirijo a ellas porque parece ser que se han convertido en el interlocutor válido para la gente seria, y esto es muy serio). (+)
Esta mañana he perdido los 10 últimos años de mi pasado (afortunadamente conservo los disquetes correspondientes a la década anterior) por culpa de un desafortunado movimiento de ratón. Basta con un gesto banal de vaciar papelera de forma segura, una carpeta esencial infiltrada entre el lumpen binario, y c’est fini.
Borrado sin marcha atrás y la negra sombra del olvido extendiéndose cual fukuyama por la waste land de la desmemoria. (Esta historia debería estar escrita en presente perpetuo, pero la RAE todavía no lo recoge).
Ya que he sido víctima en primera persona, me gustaría describir, por si acaso sirve de solaz a otras almas gemelas afectadas por la volatilidad del bit, mis sentimientos y reacciones justo después de consumado el estropicio:
Pánico: décadas de tecleo y búsqueda de información perdidas, neuronas malgastadas, horas de alta cultura echadas a perder, confluencias sintagmáticas para siempre idas.
Liviandad: a continuación se apoderó de mí un sentimiento de ligereza inenarrable. Me sentí flotando, como aquel al que liberan de una pesada carga y tiene todo el relato del mundo por delante.
Tics antisistema: otro de los efectos que deberían figurar en el prospecto de ese más que probable futuro hit de la industria farmacéutica al que podríamos bautizar, para usos exclusivamente literarios, Recoverdatarina Forte. Se producen ciertas manifestaciones anarco-informativas acompañadas de episodios alucinatorios leves y breves (de repente veo a Jimmy McNulty que dice: “fuck the Information Age”).
No me gustaría que mis palabras se malinterpretasen. No estoy entonando el casposillo himno del “volver a empezar” ni abrazando la lírica del trajinado valor educativo-moral de los mistakes o el aprendizaje experiencial derivado de las meteduras de pata.
Aquellos que han sufrido borrados de este tipo saben que se trata de una putada absoluta y sin atenuantes, sin ninguna capacidad formativa en ningún sentido. Pero con efectos secundarios gloriosos y fugaces.
Joyeux Noël, amigos!
Noël y sus drives (relato de una putada)
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