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marjorie.zugasti Actualizado el 11 de Enero de 2010

La tentación de la carne... y la del carnicero

La tentación de la carne... y la del carnicero
Iris Robinson, el jovencito Kirk McCambley y el feliz matrimonio Robinson Fotos: belfasttelegraph.com

 CONSULTA. Mi estimada Marjorie, no sé cómo empezar, la congoja inunda mi corazón y las lágrimas me nublan la vista. Al recibo de la presente ya estarás enterada del escándalo de sexopolítica en el que me veo envuelta.

Me han desposeído de dos de mis tres cargos públicos y Peter, mi esposo, se tambalea como ministro principal de Irlanda del Norte aunque haya abandonado el cargo por un mes y medio.

Oh, My God! He sucumbido a la tentación de la carne con el hijo de un carnicero, para más inri. Reconozco mi error, acepto el castigo de Dios misericordioso, pero para serte sincera no siento arrepentimiento. Profesora Zugasti, tú que eres experta en los recovecos del amor y en los laberintos de la pasión, oriéntame en mi desdicha y muéstrame el camino de la atrición.   Iris Robinson                    (+)

RESPUESTA. Para empezar, conviene que tengas las cosas claras y conozcas el terreno que pisas.

Tú, mi querida amiga, no estás atrapada en ningún recoveco amoroso ni perdida en un laberinto de pasiones. No. Tú te has metido en un jardín de padre y muy señor mío con varios frentes abiertos: marital, sentimental, político, sexual y económico.

Te agradezco sobremanera que hayas acudido a este consultorio porque no todos los días se pilla una cliente de tu importancia y complejidad.

Como además de concejal en Belfast, diputada regional en Irlanda del Norte y diputada nacional en el Parlamento de Westminster, da la impresión de ser profundamente religiosa y seguidora de las Sagradas Escrituras, lo primero que has de hacer es tomar conciencia de lo que eres y aceptar las consecuencias.

Si como me dices en tu cursi lenguaje, no sientes el mínimo reconcomio por haber refocilado fuera del matrimonio con un pibe de 19 años, o sea, más salido que un mono, deberías reflexionar antes de sumergirte en el Antiguo Testamento, no digamos en el Nuevo.

Te lo digo porque el Deutoronomio, el Apocalipsis o el Levítico te van a dejar la autoestima por los suelos, más de lo que ya la tienes.

¿Que no te arrepientes? Pues alabado sea Dios, hija mía. Eso quiere decir que acierta la versión de Mrs. Robinson colgada en YouTube, donde con la música de Simon&Garfunkel una de sus estrofas alude a tu marido:

Peter te ama más de lo que sabrás, woh oh oh,  /  Él no sabe que estás masticando salchichas  /  Detrás del café Lock Keeper’s, hey hey hey  

Me parece una ordinariez aludir a las salchichas al cantar tu relación con Kirk, el hijo del carnicero −por cierto, ¿también con su difunto padre?−. De ser esto cierto tu caso no habría que analizarlo a la luz del drama de Fedra, sino de un despelote cincuentón.

En resumidas cuentas, mi consejo es que dimitas del único cargo público que te queda, abandona tu ciudad de Belfast, tu región de Irlanda del Norte, el mismísimo Reino Unido y toda la Commonwealth. Búscate empleo en una carnicería de Rosario (Argentina), a ser posible con un dueño sin hijos.

Pasados ocho meses, me vuelves a escribir, me cuentas si has encontrado el camino de la atrición, como dices, y si has hecho las paces con los gays que te han dedicado el siguiente vídeo.


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